martes, 23 de septiembre de 2014

La «copa de silencio» de Arturo Maccanti

La reciente desaparición de Arturo Maccanti, que fallecía este mes en la ciudad de La Laguna donde vivió casi toda su vida, nos deja sin una de las voces más representativas de la generación del medio siglo en Canarias, a la que también pertenecen Luis Feria, Manuel Padorno o Pino Betancor. 

Maccanti nació en 1934 en Gran Canaria, pero se trasladó tempranamente a Tenerife, donde estudió derecho en la Universidad de La Laguna. No fue sin embargo la carrera de jurista, sino la vocación poética la que habría de marcar su vida. La poesía de Arturo Maccanti se inicia a finales de la década de 1950 y llega hasta 2005, y a lo largo de su recorrido traza una trayectoria sin duda peculiar, debido a que lo mejor de su obra poética se localiza en aquellos libros que publicó a partir de la década de 1990. Obras como Viajero insomne (2000, reeditado en 2010) y Óxidos (2003) captaron la atención de la poesía insular más joven en cuanto vieron la luz, y puede decirse que el reconocimiento que recibió el autor en las últimas décadas de su vida fue, en gran medida, una consecuencia de la evolución final de su labor creadora.

Arturo Maccanti se da a conocer como poeta en la revista universitaria Nosotros, editada por el SEU, en cuya colección de cuadernos aparece su primera muestra poética, Poemas (1959). Cuatro años más tarde, la colección «La fuente que mana y corre», dirigida por Manuel González Sosa, Antonio García Ysábal y el propio Maccanti, publica El corazón en el tiempo (1963). El intimismo lírico —proclive a lo nostálgico y lo sentimental— y el empleo del soneto que caracterizan estas dos primeras plaquettes permiten insertar los comienzos creativos del autor en la corriente neoclasicista impulsada por la revista Garcilaso en la década de 1940, corriente que produjo una lírica preciosista, cultivó con fervor el soneto y evitó integrar en su visión del mundo la dura realidad de la posguerra española.


Esta tendencia neoclacisista sigue estando presente en el primer libro stricto sensu publicado por Maccanti, En el tiempo que falta de aquí al día (1967), aunque es posible encontrar en sus páginas algunos poemas que anuncian un cambio en el tradicionalismo que definió la actitud poética del autor hasta bien entrada la década de 1970. Este cambio se materializa con la publicación de De una fiesta oscura (1977) —editado por la mítica Taller de Ediciones JB. Lo sentimental y nostálgico, elementos residuales de aquel garcilasismo inicial, parecen casi desaparecer en favor de dos rasgos novedosos en su obra: una tensión expresiva y un acento existencial, inseparables ambos en este breve y hermoso libro, cuya escritura estuvo marcada por la tragedia que supuso para el poeta el perder a su hijo pequeño nueve años atrás.

A partir de este momento, pueden rastrearse dos series poemáticas que atraviesan la obra de Arturo Maccanti: primero, la serie que le ofrece a su hijo, y, después, la que le dedica a Guerea, el nombre que Maccanti le dio a la ciudad de La Laguna. Estas series son muy representativas de la trayectoria poética del autor, y su estudio podría arrojar luz sobre la peculiar evolución de su trabajo. Por otro lado, en esta evolución dejó su impronta una línea concreta de la lírica moderna italiana (Ungaretti, Quasimodo, Saba, Cardarelli, etc.) que Maccanti conocía bien, dada su ascendencia italiana. De esta tradición el autor toma dos elementos que su poesía integró y potenció con el paso del tiempo: lo que Montale llamó «il male di vivere», y la necesidad de una mayor intervención sobre lenguaje poético a fin de sugerir, más que de expresar.


El primer elemento, la angustia existencial, presidió igualmente la escritura de su siguiente libro, Cantar en el ansia (1982), el más extenso del autor: «Recogeremos lo que no fuimos / en una copa de silencio», dicen los versos finales del poema «Contra un cerco de sombra». Sin embargo, el segundo elemento, esto es, la necesidad de sugerir a través de la imagen poética, no se manifestó con la misma intensidad. De hecho, muchos de sus poemas evidencian aún aquella nostalgia sentimental que parecía haber desaparecido de su poesía. A pesar de ello, Cantar en el ansia nos ofrece algunos de los textos poéticos más significativos y hermosos de la obra del autor, como «Coronación y exilio», «Necrópolis de Aguere» o «De su ser pretérito».

No es más que sombra (1995), el siguiente libro de Maccanti, señala el comienzo de una etapa caracterizada por la búsqueda de una contención verbal que le condujo a una poesía desnuda, esencial. Esto puede apreciarse, por ejemplo, en el cultivo del poema corto y en la depuración del sentimentalismo. Por otro lado, el paisaje insular se vuelve con frecuencia carcelario —símbolo de la «guerra» entre el poeta y el tiempo—, con la sola excepción de ese espacio que aparece por primera vez en este libro: Guerea, el territorio mítico que se convirtió en el escenario mudo del paso del autor por el mundo, un «pasar doliente» al que aluden las imágenes de los títulos de los libros y poemas de esta época: sombra, viajero, óxidos, etc.

Con Viajero insomne (2000), Óxidos (2003) y Helor (2005), su poesía recupera además esa mencionada tensión del lenguaje que le llevó a su cima poética. Óxidos es, muy posiblemente, su libro más logrado, y uno de los más notables que se han escrito en Canarias en el último decenio. Como decíamos al principio, el caso de Arturo Maccanti es peculiar en el sentido de que lo mejor de su poesía se encuentra, excepción hecha de De una fiesta oscura, en el último tramo de su trayectoria poética. Si dividimos ésta en dos etapas: de Poemas a Cantar en el ansia (1959-1982), y de No es más que sombra a Helor (1995-2005), la segunda ofrece muchos más alicientes al lector que la primera. Lo que significa que Maccanti supo dejar atrás los rasgos caducos de su producción inicial y tomar de la tradición, de la italiana sobre todo, pero también de la española (Machado, Cernuda...), aquellos ingredientes que conformaron lo mejor de su poesía.

La poesía completa del autor, editada por CajaCanarias en 2010 —con prólogo de Jorge Rodríguez Padrón— bajo el título de Vivir sobre la vida : (poesía reunida), es una obra imprescindible para conocer los motivos y las líneas maestras de su obra. El gran tema de su poesía es doble: el paso del tiempo y la caducidad, no solo de la vida, sino de los sueños del hombre. Los otros temas que aparecen en ella pueden ser considerados variantes de este: el paraíso clausurado de la infancia, el recuerdo de los amigos y familiares idos, la soledad y la isla, pero también el júbilo de vivir y compartir con los demás esa «copa de silencio» que nos ofrece la existencia. Los poemas primero y último de su libro Helor (neologismo que transmite el frío y el horror de la muerte) representan los polos sobre los que giró su vida y su quehacer poético: «Helor» y «Júbilo». Su poesía reunida nos permite además vislumbrar uno de los rasgos definitorios de su manera de mirar el mundo: la ternura.

Como homenaje al poeta, el Fondo de Canarias de la Universidad de La Laguna exhibe una muestra de obras de Arturo Maccanti y de artículos de prensa relacionados con su figura y su poesía. (En el Fondo también está disponible el único estudio de conjunto de los poetas canarios de la Generación de 1950, obra de Miguel Martinón.) En este espacio queremos rendirle otro homenaje copiando aquí el poema titulado «Estaciones», perteneciente a su libro Óxidos:

ESTACIONES

                                             In memoriam,
                                             María Rodrigues 

Llovizna, gloria leve
de la estación ventosa,
derrámate también sobre este mármol
y, en espirales grises,
haz florecer los nudos
de la madera sorda y quebradiza.

Perfuma lo que aún quede.

Demórate en su pelo desasido.

Vívida primavera,
cuando pases,
inúndala de luz como si nada
se hubiese consumado.

Y que en la noche eterna
este aliento sin sueño
entibie su silencio inmóvil constelado de soles.

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