jueves, 2 de junio de 2016

«Jade fulvo (una aproximación a la poética de Andrés Sánchez Robayna)», de Sergio Barreto

La labor literaria de Andrés Sánchez Robayna (Santa Brígida, Gran Canaria, 1952), poeta, traductor, ensayista, director de la revista Syntaxis (1983-1993) y del Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna, donde ejerce como catedrático de literatura española, ha sido propuesta como candidata al Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, un galardón que se otorga a «una persona o grupo de personas cuya labor de creación literaria represente una contribución relevante a la literatura universal». Con ocasión de su candidatura hemos pedido a Sergio Barreto (Premio de Novela Benito Pérez Armas 2015) un texto sobre la poética del autor, cuya obra constituye una de las aventuras más apasionantes y rigurosas de la poesía española contemporánea.


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Jade fulvo (una aproximación a la poética de Andrés Sánchez Robayna)

La obra poética de Andrés Sánchez Robayna se encuentra en una encrucijada estética entre la erudición y la mística. Su trabajo creador retoma el camino de las vanguardias, interrumpidas en España durante la dictadura, a través del cauce del nuevo objetivismo de un Wallace Stevens, sin dejar de lado los ascendentes metafísicos de la poesía inglesa del siglo XVI, la poesía mística española e, incluso, la interpretación fenomenológica de la realidad que recorre la poesía helena del siglo XX y en la que los dioses dejan paso al ser humano y sus arbitrios.

Cubierta del libro
Con estos presupuestos el autor ha ido cincelando una obra compleja y, a su vez, directa, marcadamente matérica y planteada como una meditación en torno al tiempo en que la fragilidad de lo humano y la trascendencia por medio del pensar se imbrican en una realidad hecha de luces fulgurantes, soles profundos, trazos de lenguaje que, en ciertos momentos, recuerdan a la coagulación impresionista lograda por Cézanne, como si el poeta invocara todos los ángulos existentes en torno a un vaso, una pintura, una oración, una tórtola. 

El lector que se adentre en poemas como «Ierí Limni» (de su libro La sombra y la apariencia, 2010) encontrará un espacio en el que el yo lírico tiende a ocultarse por medio de la segunda persona, articulándose así lo que el lector supone un monólogo de alguien que le habla a la sombra que sucede, recriminándole, con resignada sobriedad, su paso «sobre la coagulada luz del mundo». Ese ocultamiento, que permite a la realidad evidenciarse mediante procedimientos simbólicos propios de la poesía mística española de los siglos VII al XV —aunque sustituyendo la sombra daemónica y tentadora por la epifanía que resulta de la observación del suceder—, nos sitúa en una peculiar escala moral en que el ser tiende a lo abierto (Heidegger, Broch), pero no mediante catarsis demiúrgica, sino por medio de la reflexión que resulta de contrastar pensamiento y acontecer. 

El yo, al quedar oculto dentro de los límites del texto, ya no sirve al discurso, por lo que adentrarnos en el cosmos de Andrés Sánchez Robayna es acceder a una visión de lo que es tal y como es, sin aditamentos como la voluble voluntad humana, los posicionamientos sentimentales o el sesgo personalista. Sin estas huellas explícitas, el texto que vemos es un instante ralentizado hasta su punto crítico de luz, una saturación de silencio que bebe de Mallarmé para respetar el espacio en blanco y de Valéry para hacernos pensar que en la absoluta quietud se encuentra la conciliación con el tiempo y su ineluctable transcurso. Se trata, pues, de una manera de poetizar desvinculada de fórmulas biográficas que no parece accesible a primera vista, pero no porque el autor teja hermetismos y laberintos insondables.

Andrés Sánchez Robayna
Al igual que un instrumento musical, la cualidad de sus versos radica en exigirnos ciertas pericias como lectores, cuanto menos ritmo calmo y respiración pensante. De lo contrario, afrontar la obra de este poeta en la que se cruzan la raíz clásica y el ánimo experimental de las vanguardias —sobre todo desde la arritmia mundana que aqueja a tantos creadores actuales— es cruzar un desierto ignorando que en ese desierto habitan eremitas. 

La verdad que la voz de Andrés Sánchez Robayna entrega a los lectores es la de ese momento inolvidable en el que un atardecer se enciende por última vez mediante un rayo verde. Nos encontramos, por lo tanto, ante una perspectiva poética que acata como protagonista el paisaje (visible e invisible) más que la persona explícita. A la manera de Machado con el «olmo seco», Andrés Sánchez Robayna desvela su consciencia en la aparición de un templo en ruinas junto a un mar azul, un olivo, el ángulo descrito por la luz sobre una pared blanca, un erial, un callao («jade fulvo»).

Sergio Barreto.

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Como colofón a este artículo publicamos un tablero en Pinterest con una selección de obras de Sánchez Robayna disponibles en la Biblioteca de la Universidad de La Laguna. También puede consultar en el catálogo de la Biblioteca la obra del autor, tanto sus libros de poesía y ensayo como sus traducciones, ediciones, introducciones, estudios, separatas o las tesis dirigidas por Robayna y leídas en la Universidad de La Laguna.

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