martes, 25 de julio de 2017

Conmemoración de la Gesta en la prensa tinerfeña y pesquisas sobre el ancla del Theseus

Nelson herido La Opinión (25/07/1897) 
Madrid tiene su 2 de Mayo de 1888! 
Santa Cruz de Tenerife su 25 de Julio de 1797! 
La capital de las Canarias, al ceñirse por tercera vez los laureles de la victoria, salvó al archipiélago de la dominación de la temible Inglaterra*

Así se contaba la Gesta del 25 de julio un siglo después del ataque de las tropas inglesas a las costas de Santa Cruz. Con exhaltado fervor patriótico, los periódicos tinerfeños dedicaron muchas páginas a conmemorar la derrota del almirante Nelson. Durante todo el mes se publicaron relatos, poemas y dibujos alusivos al episodio, con artículos firmados por las personalidades del momento. En La Opinión se reprodujeron también los textos cruzados entre los jefes de ambos bandos, incluido el ofrecimiento de cerveza inglesa y queso del almirante al general Gutiérrez.

Madrid ostenta en el Prado su histórico obelisco. Santa Cruz conserva en sus templos las banderas tomadas al enemigo*


La Opinión (25/07/1897 p.4)

Además de las banderas, otra pieza emblemática del ataque se conservó durante casi dos siglos en la costa chicharrera: el ancla del barco principal, el Theseus, que los invasores cortaron desesperadamente ante el fuego de las tropas defensivas.
Fueron necesarias muchas indagaciones y un gran trabajo documental para confirmar que la enorme áncora aparecida en 1967 en la bahía de Santa Cruz pertenecía, efectivamente, al Theseus.

En esta línea, nuestro compañero e investigador, Daniel García Pulido publicó en 2006 un trabajo pionero en el periódico El Día, cuyo texto reproducimos con su permiso.


Un posible vestigio patrimonial inadvertido: El ancla del HMS Theseus

Cada vez que se trae a nuestra memoria la defensa de Santa Cruz de Tenerife frente al asalto de la escuadra británica comandada por el almirante Horacio Nelson en 1797, la conciencia, auspiciada por el cambio físico de la propia ciudad y por el inexorable paso de los más de doscientos años que nos separan de la efemérides, nos induce a pensar que es un hecho lejano, perdido en las brumas del pasado, cayendo en una tangible disociación entre ese ayer y nuestro acontecer diario.

El Liberal de Tenerife (23/07/1897)
No obstante, la huella de ese episodio permanece latente en varios puntos señeros de la geografía urbana y simbólica de esta ciudad. Aparte de la tercera cabeza de león del propio escudo municipal, de su vitola de invicta y de la consecución en aquel entonces de la condición de "villa exenta" -paso previo a su designación posterior como ciudad y capital del Archipiélago- quedan en pie algunos de los castillos que hicieron frente a aquella invasión, así como un poderoso impacto grabado para la eternidad en los sillares del muelle, unas banderas ajadas tras unos cristales, algunas armas utilizadas en el fragor de la batalla, lideradas por la estela del legendario cañón Tigre... y un majestuoso ancla, que descansa en la actualidad en el espacio ajardinado situado frente al edificio de la Comandancia Militar de Marina, en la confluencia de la Avenida de Anaga y de la Rambla del General Franco, reliquia precisamente esta que queremos convertir en objeto de nuestro interés en estas líneas en aras de su posible reconocimiento como auténtico icono de un valor patrimonial e histórico indudables. Nuestro objetivo, por tanto, estriba en ofrecer pruebas que sirvan para reconocer que este ancla pudo pertenecer en su momento al HMS Theseus, buque insignia de la escuadra británica que, comandada por Horacio Nelson, asaltó esta ciudad entre los días 22 y 25 de julio de 1797.

Referencias sobre el ancla
©Daniel García Pulido
No pocos autores han hecho referencia a lo largo de los años y del correr de los siglos al tesoro en áncoras y restos de embarcaciones que descansan en el fondo de la bahía de Santa Cruz de Tenerife, hasta el punto de que uno de ellos, el naturalista y estudioso francés Sabino Berthelot, llegó a apuntar que incluso podía convertirse en una fuente de ingresos la recolección de todo aquel conjunto de reliquias acuáticas. Bajo este panorama es obvio que resulte a todas luces difícil atestiguar el origen y adscripción de un determinado ancla salvado de este abismo atlántico, aunque las condiciones particulares de este al que dedicamos el estudio, con el hallazgo de datos exactos sobre su realidad histórica y acerca de detalles sobre su más que posible filiación, nos inducen a pensar que quizá tengamos suerte en esta ocasión puntual.
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Ancla restaurada (2017) ©Daniel García Pulido
Agradecemos al autor la cesión de su texto y las imágenes que lo acompañan. Consulte los periódicos citados pinchando en los pies de foto. Puede leer el número conmemorativo editado por el Diario de Tenerife en 1879 desde este enlace y consultar otras publicaciones de la época en la Prensa Canaria Digitalizada, realizando búsquedas por fecha y/o términos concretos (solo están restringidos a la comunidad  de la Universidad de La Laguna las publicaciones posteriores a 1939).

En la Biblioteca Canaria están disponibles las publicaciones sobre el ataque de Nelson que marcó la historia de Santa Cruz de Tenerife y la defensa de las tropas comandadas por el General Gutiérrez, además de otras publicaciones relativas a este hecho histórico, como poesías y artículos periodísticos, el estudio sobre Viera y la Gesta, una publicación sobre los desertores, novelas históricas, exposiciones vídeos, etc.

*Extractos de "Dos fechas", texto de Claudio F. Sarmiento (1831-1905) en La Opinión (25/07/1897, p.7).

martes, 11 de julio de 2017

Juba II y las Islas Canarias: de mito a realidad geográfica

Juba II, rey de Mauritania
Por Alicia García García

Ed. Idea, 2009

En Juba II encontramos a un rey “ilustrado” cuya apasionante vida y estela intelectual han superado el hecho histórico de haber sido un monarca impuesto por Roma en el norte de África al comienzo de nuestra era, en los territorios que actualmente ocupan Marruecos y Argelia. Estas líneas pretenden ser una breve aproximación al rey de Mauritania, figura a la que la autora ha dedicado más de una década de investigación y que retrata con amplitud en su tesis doctoral y en el libro Juba II y las Islas Canarias





Juba II
Juba II nació el año 52 a.C. en la familia imperial númida, ya que era hijo de Juba I, rey de Numidia. Muy pronto su infancia se vio interrumpida a consecuencia de la intervención de su padre en la contienda militar entre César y Pompeyo, ya que tomó partido por este último y, tras la derrota en Tapso el 46 a.C., se vio avocado al suicidio. Desde este momento cambió la suerte del pequeño Juba de tan sólo cinco años de edad que fue llevado a Roma por César. 

Tras este suceso, el reino de la Numidia se convirtió, en su mayor parte, en provincia imperial, mientras que en Roma, César tomó al niño bajo su protección y le proporcionó una elevada educación. Gracias a ello cultivó la amistad de un joven Octaviano, que lo continuó amparando después del asesinato de César y lo llevó a algunas de sus campañas militares. Así, el 25 a.C., le otorgó, junto con las insignias de su reino, el gobierno de la Mauritania que él mismo había asegurado después de la muerte de Boco II el año 33 a.C.



El establecimiento de un reino cliente suponía para Octavio, ya con el título de Augusto, la reducción del número de sus armadas en África, siendo el nuevo rey el encargado de velar por la paz de esta provincia que estaba destinada a funcionar como estado tapón frente a las fluctuaciones promovidas por los gétulos rebeldes. Además de estos dones territoriales, Augusto concertó su matrimonio con Cleopatra Selene, única hija superviviente del triunviro Marco Antonio y la célebre reina de Egipto, Cleopatra VII.


Juba II, un erudito que describió su mundo
Juba trasciende la figura de un historiador tradicional, pues en realidad fue un auténtico anticuario, cuyos métodos de investigación muestran cómo funcionaba la ciencia y erudición en la Roma de la época. Sus estudios se veían enriquecidos por sus viajes y lecturas personales y durante su largo reinado, de casi cincuenta años, y su larga vida, de casi setenta y cinco, escribió varias obras voluminosas de historia y geografía. Parece probado que dominó a la perfección tres lenguas, el púnico, el latín y el griego.

Fortunatae Insulae. Juba II y el Norte de África: la expedición a las Islas Afortunadas.

En cuanto a su amplia producción bibliográfica de más de once tratados, queremos destacar, ante todo, su obra Sobre Libia, fechada en torno al 6 d.C., fruto de sus labores de documentación e investigación y de los datos obtenidos de primera mano por las expediciones enviadas por él a los más remotos extremos de su reino.
Tal es el caso de las Islas Afortunadas y las montañas del Atlas, enclaves geográficos bastante mal conocidos en la época. Así, Juba informa de la existencia de unas islas en las latitudes occidentales de la Mauritania y además de ello, facilita su número, ubicación geográfica, nombre y reveladores datos sobre su clima, orografía, paisaje, flora y fauna. No obstante, si atendemos a las fuentes de que disponemos en relación a las finalidades de este viaje, nada evidencia que esta llegase a tener consecuencias, ya que después de su descripción, extractada por Plinio el Viejo en su Historia Natural, no hay más relaciones que permitan suponer sucesivas visitas de los mauritanos a estas latitudes. 

Por último, no queremos concluir esta breve aproximación a Juba II sin dejar de reivindicar el reconocimiento que su figura merece como promotora de la urbanización del Norte de África bajo el mandato romano, pero también como un humanista de su tiempo, un auténtico intelectual que dominó magistralmente una amplia gama de campos del saber y que sacó a nuestras islas de la “esfera del mito”, ubicándolas en la realidad geográfica del Siglo I.


Alicia García García


Notas y más información
Plinio el Viejo en el catálogo de la Biblioteca de la ULL.
Imagen de Juba II de Wikimedia.
Imagen de la obra: C. Plinii Secundi Naturalis Historiae libri trigintaseptem / a Paulo Manutio multis in locis emendati ; castigationes Sigismundi Gelenii, index plenissimus. Venetiis: Apud Paulum Manutium..., 1559. De Patrimonio Bibliográfico Lacunense en la Biblioteca de la Universidad de La Laguna.

La Biblioteca Canaria agradece la colaboración de Alicia García García por este artículo que profundiza en la figura de Juba II y cuya expedición a las Islas Afortunadas da nombre a nuestro blog El viaje de Juba. Hace ya casi cuatro años iniciamos nuestro particular viaje y explicábamos así nuestra denominación:
«El viaje de Juba otorgó nombre e identidad al Archipiélago como primera página de la historia de Canarias, al introducir a las Islas en el relato de los testimonios escritos.

La figura de Juba II (52 a.C.-23 d.C.), rey de Numidia y Mauritania ha pasado a los anales como el monarca bereber romanizado que patrocinó una expedición que supondrá el descubrimiento oficial de las Islas Canarias al mundo romano y a la Historia Antigua, pasando de la creencia de las, hasta entonces, míticas Ínsulas Afortunadas y Campos Elíseos a una realidad física.

Desde este blog de la Biblioteca de Canarias, tal y como pretendiera ese periplo de Juba, queremos hacer un “viaje” hacia el conocimiento de las Islas y todo lo relacionado con ellas, difundiendo los recursos que faciliten la investigación y la divulgación de cualquiera de las realidades insulares»
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